“La erección de la sangre” y la eyaculación de realidad sin condón
El libro en cuestión fue escrito por Mauro Gatica, un profesor de Arica que reside en Cochabamba y es uno de los encargados de la editorial cartonera “electroDEpendiente”. Hablar con este autor es toda una experiencia, debido a sus movimientos histriónicos y la espontaneidad de la charla; todo esto, va acompañado de una lluvia de ideas, que pueden implementar un chip de autocrítica y, al mismo tiempo, de opinar sobre la sociedad en la que vivimos. El collage se vislumbra así también en su libro, que tiene dos partes (“Contracciones” y “La erección de la sangre”), con temáticas crudas, pero descritas para endulzar el momento, con una visión de aquello que preferimos ignorar, como la pobreza, el aborto, la muerte, los abusos sexuales, entre otros. Además, el conjunto de cuentos está escrito de una manera curiosa, puesto que tiene una combinación de términos que se emplean en el cine, junto a recursos literarios explícitos, pero no pierden su riqueza estructural; mucho menos, el aparente shock que Gatica quiere provocar en sus lectores.
En primer lugar, hablaré sobre los tópicos desarrollados, que como ya mencioné, se enfocan en ciertas situaciones que se esconden bajo la alfombra o que cuando los muestran, por cualquier medio de comunicación, nos espantamos de nuestro entorno, donde, para bien o para mal vivimos. En lo personal, creo que uno de los objetivos del autor es parecer una nota roja, es decir, se centra en asesinatos crudos (¿Qué asesinato no lo es?) y en la explicación algo morbosa de la escena del crimen. Por ejemplo, la primera historia, llamada “Vengan a ver a la guagüita”, trata, específicamente, sobre un bebé que se encuentra en una bolsa de basura que está siendo desmembrado y triturado por perros callejeros: “A esta hora siete son los perros que corren detrás de la cabecita, detrás del torso desnudo y tierno; babean mientras desfilan detrás de los huesos de la criatura” (Gatica, 2017, p. 19). Como podrán ver, esta parte de su amplia descripción sobre la escena sangrienta, no redunda en metáforas; va directo a la retina, como una fotografía, como el antónimo de lo que estoy haciendo ahora. Sin embargo, también nos da la posibilidad, como lectores, de construir un suceso distinto, como en el caso de “La madre debe tener el hijo aunque salga anormal”, donde, al menos en mi opinión, la trama que se relata es la de una madre con una pareja violenta y que se refugia, podría decir que de manera romántica, en su hijo, y este desarrolla un amor no filial por su progenitora:
“…entonces me abrazaba con más fuerza que de costumbre y eso me gustaba mucho, todavía me gusta que lo haga, se me erizan todos los pelos del cuerpo cuando lo hace, cuando se acerca y todo su cuerpo roza el mío" (Gatica, 2017, p.22)
Las oraciones citadas expresan la felicidad del hijo, que no parece ser “normal” y ahí podría residir la explicación del título. Por otro lado, el chico expresa que temen de su padre y que acompaña a su mamá hasta al baño. La tercera historia que ocuparé como ejemplo para retratar esta realidad cruel y sin condón es “Todos los perros pueden morir”. Aquí, nos encontramos con una persona que trabaja matando perros; esto, por encargo de terceros. Él se integró a este laburo por un amigo y nos relata su primera experiencia, su miedo, su tristeza y compasión, pero que aquellos sentimientos habían desaparecido, que ahora, incluso, disfrutaba escuchar los huesos de los canes romperse, que los llantos guturales no provocaban nada en su persona. Naturalmente, leer esto puede producir desprecio hacia el autor o la narración, pero no debemos olvidar cual es el objetivo que, aparentemente, tiene el escritor: provocar un impacto. ¿No lo ha conseguido acaso con este escabroso relato que dibuja un estado real? Tan real como la muerte y la señorita Rosario Castro Montesinos de “El beso ahogado en baba”. Ella es una mujer ya mayor que trabaja maquillando a los difuntos, pero, como en el total de los cuentos, algo escabroso hay detrás de su trabajo. Rosario guarda ciertas partes pequeñas de sus fríos clientes, ya sea cerilla, piel de las manos, uñas, cabello, etc. Aparte, a pesar de que era invitada a los funerales, ella prefería no asistir, puesto que no era de su agrado ver como su trabajo era destruido con madres desconsoladas lanzándose sobre el cadáver de sus seres queridos, llenándolo de lágrimas y mocos. Con este capítulo, podemos “leer” a la muerte como algo cercano y también a una filia con los organismos en descomposición.
En segundo lugar, tomaré la forma en la que se encuentran escritas las historias. Como ya indiqué, el autor en cuestión emplea recursos del cine y en cuanto a técnicas narrativas se ve orientada, específicamente, al flash back. Considerando el uso de este último recurso mencionado, hay un cuento donde su uso me causo curiosidad y pienso que es menester mencionarlo. En “Bosquejos para un relato de terror” se expone la situación de un hombre que o fue asesinado por el padre: “Nosotros no diremos nada sobre el padre del niño” (Gatica, 2017, p.15) o se suicidó “…diremos que la casa está en penumbras y que falta demasiado para eso” (Gatica, 2017, p.16). Él se puede ver como una fotografía, así que supongo es su “alma”; digo suponer porque se específica que “Esto diría el personaje de este relato…” (Gatica, 2017, p.15) y de la misma manera finaliza el párrafo donde se describe su estado de descomposición y se menciona aquel curioso uso del flash back. Ahí, lo ocupa para “viajar” por tres recuerdos. El primero, cuando se pone un pedazo de esponja de su cama en la boca, el segundo es él comiendo un trozo de pan y el tercero su madre, quien le da leche en el desayuno y acaricia su cabeza. A lo largo de las seis líneas donde suceden estos “viajes al pasado”, uno tras otro, me pareció innovador, ya que lo empleó para ir a un pasado “más pasado”, remontándonos a la infancia de aquel personaje que no es. Otra historia donde se utiliza este recurso es en “La fábula de Ana y el lobo”, donde el desarrollo se centra en una niña con una madre que tiene antecedentes sobre problemas familiares: “…imitando a la abuela de nuestra protagonista, en la misma cocina, la madre de Ana vació el frasco de pastillas.” (Gatica, 2017, p.12). Debido a su mismo estado depresivo, suele estar con hombres y uno de ellos, Jorge, abusa sexualmente de Ana y por ello, la niña decide quitarse su vida. Sin embargo, la evolución del relato no se da de manera lineal, sino que mediante flash backs, que nos permiten entrever, al final, las razones que habían detrás de la decisión de la pequeña y esa es la riqueza que le dio el autor a ese recurso; que lo deja como migajas, fotografías de algo que sucedió y una, como lectora, tiene el deber de juntar aquello para descifrar lo acontecido, como en la película Memento.
Retomando la película mencionada, Mauro emplea ciertas herramientas para sumergirnos en una película independiente y corta. Por ello son las descripciones a detalle, por sobre todo de las escenas de crimen. El esplendor de su uso puede leerse en “Estertores y fiesta de espuma”, donde la trama es relatada casi como en una película en blanco y negro antigua. Todo esto está junto a “imaginemos” y me encanta que el autor incluya a sus lectores en la construcción de este embrollo, de estos párrafos con misterio desenfrenado y que buscan hacernos sentir en la butaca de un cine o en una mañana cotidiana leyendo en Facebook las noticias, pero relatadas con una visión peculiar. Así que, si eres un amante del cine, creo que este libro puede llenarte de cierta forma. Tal vez incluso, motivarte a construir tu propio guión.
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